Me fui de mi casa finalmente por ir en contra de mis padres a los 23 años. Una vez más con un angelito de por medio. Mi niña Nikki, quien ahora tiene 13 años conmigo, me ha dado la vida, mi fiel compañerita ha viajado a USA, Europa, a playas en lancha, en camionetas y se ha quedado conmigo en hoteles solo para gente con mascotas. Como trabajaba tantas horas me daba mucha lastima dejarla tan solita, así que compré a Sasha, ya tiene 8 años con nosotras. Me casé con un hombre quien se hizo pasar por amante de los animales, duré 5 años casada, sin hijos gracias a Dios, nos maltrató hasta que fue suficiente, vivíamos en España y de regreso me vine con 3 angelitos. El tercero era Sparky, mi dulce, noble y añorado caballero, un Bretón Spagneul blanco y marrón, abandonado, lo encontré en una gasolinera a punto de morir, con heridas de perdigón en un costado, una oreja completamente rota abierta por la mitad, bañado en sangre, era un saquito de huesos, podía colocar mi mano entera entre sus omoplatos, no tenía nada de carne ni músculos, lo lleve a tres veterinarios quienes me aseguraron que debía sacrificarlo, tenía Babesiosis y Leishmania, se desmallaba, anémico y con los dientes molidos hasta las encías por comer piedras buscando minerales para alargar su penosa vida, hasta que insistí tanto que preferí que se muriera en mis brazos haciendo el intento, otro milagro, mi querido Sparky se salvó, eso sí poco a poco pero mi niño superó sus enfermedades, el que me duró 5 años mas viviendo feliz, muy querido y mimado, muy sano, gordito y limpio, ya era viejito cuando nos conocimos.
LOS ANGELITOS DE MI VIDA
Todo empieza a los 4 años de edad con una enfermedad que duró hasta los 9 años. Una historia que merece contarla. Conocí montones de Médicos especialistas tanto en Venezuela como en 9 países de Europa, miles de medicamentos de todas las formas (pomadas, cremas, polvos medicados tipo té con compresas, tapes medicinales, pastillas, jarabes, antibióticos, antialérgicos, etc.) para curar 2 gigantescas yagas que abarcaban toda la parte trasera de mis piernitas, dormía con guantes y me cortaban las uñas casi hasta la carne para no rascarme tan horribles y sangrantes heridas, hasta dormía con tranquilizantes en gotas para niños. Hasta que un día un amigo de mi padre le habló de un doctor (poco conocido) que quedaba cerca de casa. Me preguntó: Que es lo que tú mas quieres en la vida? Y como muchos niños, siempre deseaba la compañía de un perrito, pero mis padres nunca quisieron, hasta ese día, salimos del consultorio y me compro mi medicina “UN PERRO”, santo y milagroso remedio, me tarde menos de un mes en curarme de una enfermedad que duró 5 años. Era una Neuro-Dermatitis aguda. Luego de 1 año nos fuimos a vivir a USA y mi niña se tuvo que quedar con mi tía quien la amó con locura y me escribía carticas en nombre de mi adorada Kitty marcando su patita al final de cada carta en señal de firma. Mi tía, amante incondicional de los animalitos la tuvo hasta el final de sus días.